Las doradas manzanas
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Una de las cosas que mas recuerdo de mis tiempos como librero es a un vecino de la calle La Paz que compartía mi debilidad por Bradbury y con el que pasaba algunas tardes conversando sobre algunos detalles aparentemente insignificantes de los cuentos de algunos de los volumenes que editaba Minotauro.
Normalmente el café del pequeño restaurante loretano que colindaba con la librería era algo mas que deficiente, pero era el que nos bastaba para conversar durante horas y pasar de Bradbury a nuestros problemas del día a día y otras hierbas. Read the rest of this entry »
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