Fabula
Una vez hubo un aprendiz de juglar que se cruzo en el camino de una princesa, las mutuas y similares neuras hicieron que alguna chispa apareciera en su camino, que se pensara que se podía hacer algo, que algún otro mundo posible era viable, que las disfunciones de ambos podían terminar en un todo funcional, en una suerte de pequeña biblia abierta sobre el pecho de ambos, en una esperanza de ser felices.
Durante un breve instante, un girasol floreció en la vida del ya no tan joven juglar, una suerte de saludo al sol, una sinfonía no tan adolescente a un dios en el que no creía pero que se hubiese complacido ante el espectáculo de una sonrisa tan rotunda. y por un breve lapso el juglar rió desde la mañana sin nombre hasta la envejecida noche.
Pero las horas de la princesa solo tenían un dueño; sus propias neuras, cada cosa que apareciera en la vida de ella se iba haciendo mas importante que la sonrisa del juglar, que fue apareciendo menos y menos. y el girasol se marchitó en su jarra. Solitario y a oscuras.
El juglar apeló las pocas veces que pudo tener audiencia y se interesó en acercarse a quien no deseaba mas cercanía, hasta que el juglar se dio cuenta, ya estaba lejos, lo suficiente para no hacer nada, para no tener espacio, para descubrir que la única guerra que había peleado la había perdido hace mucho, antes de empezar.
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