Aula 34
tenia 18 años la primera vez que me pare frente a un aula.
En mi ingenuidad creia que la mera funcion de profesor impondria respeto, que las chicas eran mas respetuosas que los hombres y que el ser un colegio de monjas haria mas facil la tarea. Me equivoque de cabo a rabo, eran unas ratas miserables, revoltosas, irresponsables, faltosas y casi de mi edad.
Enseñar musica en un colegio de mujeres puede parecer un sueño para todos los que crecieron con Carmin, Abigail y cuanta novela idiota propalaran durante los ochenta.
Afortunadamente no era de esos.
Era de de esos otros que tenian a la hermana menor de su enamorada entre las alumnas, esos que habian conseguido el trabajo por la ayuda de la suegra y esos que enseñaban el instrumento mas facilmente ridiculizable por una manada de adolescentes.
Les enseñaba a tocar flauta. No la traversa, que algo caro saldria para la mayor parte de los bolsillos, sino la dulce, la que parece un silbato alargado con huecos, esa misma que en manos experimentadas puede hacer los sonidos mas dulces del mundo y que en manos de los fabricantes de los plasticos mas baratos y yamaha se convirtio en la manera mas facil de torturar a un por entonces aprendiz de flautista.
Duré poco en ese colegio, el aula 34 era un motivo bastante fuerte para dejar la enseñanza y permanecí l
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